Furioso reloj de Pau Palacios

En el principio había sólo espacio, hasta que Cronos le cortó el miembro a Urano y el tiempo empezó a correr. De los chorretones de sangre que Urano perdió, nacieron las Furias. Tres diosas deformes. Obsesivas, enfermizas, caprichosas. Diosas obcecadas en castigar toda conducta que se saliese del orden del cosmos, en castigar a los hombres en vida, hostigarlos hasta hacerlos enloquecer. Furias desatadas contra los delitos morales, contra la infidelidad y contra el parricidio…


La mañana en que Pau Palacios entró resacoso en el bar El Reloj de Barcelona no imaginaba que el encuentro casual con Roberto Lares le iba a cambiar drásticamente el modo de concebir el mundo. Éste le contó cómo un suceso dramático había trastocado su vida. Y cómo a partir de ese momento se había dedicado a llevar a cabo un Plan, descabellado, que lo tenía que salvar del sinsentido y del dolor y que lo había llevado al taller de un vicioso relojero lisboeta, a un prostíbulo bávaro o a compartir cursilerías con un cantante mexicano con ínfulas de rey maya. Y todo este despilfarro para acabar volviendo a Barcelona y darse cuenta de que su Plan, como todo plan desesperado, sólo había servido para retrasar lo inevitable.


En Furioso reloj, Pau Palacios propone un juego de planos temporales y de voces narrativas que absorben al lector. Con un estilo propio que nos trae ecos de Perec, Sterne o Deza, Palacios nos propone un viaje a los secretos que esconden los relojes, los que escondemos las personas y, en definitiva, los que esconde la vida.

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